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SONATACHIVANA

CUENTOS DE MEDIANOCHE

CUENTOS DE MEDIANOCHE

Nunca antes había experimentado una alegría tan profunda y tan sincera. Me siento cómo un niño recién levantado el día de Reyes. Mis manos torpes de niño ansioso se apresuran para abrir su regalo mientras se deslizan  lentamente por tu espalda y temblorosas descubren cada pliegue que hay en ti. Tu calor me va guiando por tus valles, me recreo en tu nuca, acaricio su preciosa curva con ternura. Estás tan llena de vida, me voy impregnando de tu olor mientras recorro muy despacio tu perfecto cuello con los labios. Te voy respirando levemente y  recojo tu cabeza con mucho cuidado hasta que suavemente descansa en mi hombro. Cierro los ojos para sentirte cerca, muy cerca de mí. Deseo que este instante no termine nunca, poder quedarme pegado a ti. No quiero despegarme, quiero sentirte hasta fundirme en este abrazo por completo. Sé que soy egoísta porque no quiero compartirte con nadie, ni que nadie más te bese en la nuca que ahora siento tan mía. Sueño con dormirme para siempre amarrado a ti, escuchando el ritmo tranquilo de tu respiración. Amanecer  contigo entre las manos disfrutando el calor de este dulce sentimiento que me llena de tí.  Me has embrujado por completo, la tibieza de tu cuerpo tan suave, tu hermosa fragilidad, tu cálido aroma, tu piel fresca... No, no quiero compartirte, te siento por completo mía.  Es tanto el tiempo que  he deseado este encuentro. Hoy que por fin llegaste nada me va a separar de ti, te quiero así,  frente a mi, semidesnuda. Besarte entera, explorarte, recorrerte lentamente, hasta aprenderme de memoria el mapa de tu sagrado universo. Protegerte del mundo y que esta infinita sensación de gozo que inunda  mi vida, que también es la tuya, no se desvanezca en el tiempo. Imagino que recorremos esta orilla de la playa, hasta que nuestros pasos se confunden en la arena, juntos, cogidos de la mano.

 

Pero sé que no estamos solos en el mundo y tendré que acostumbrarme a compartirte. Ahora en este momento que nadie nos ve  y nadie nos oye, quiero que sepas cuanto te quiero, mi linda princesa.

 

Oigo voces a lo lejos, cada vez están más cerca. Abro los ojos lentamente y descubro que ya no estamos a solas:

 

- Carlos, ¿no nos vas a dejar disfrutar de la princesa? Mira que yo soy su abuela.

 

Sonrío a mi pesar y me desprendo lentamente  de ti después de besar con suavidad tu preciosa cabeza:

 

_Claro que si Carmen. Es su nieta.

 

Me dirijo al comedor y tu madre me recoge entre sus brazos, me ofrece una copa de cava para celebrar tu nacimiento.

 

_Cariño, me voy a poner celosa- dice mientras me besa.

 

Sonriendo, levanto la copa y la dirijo al resto de la familia:

 

_Brindemos por la princesa. Y con los ojos cerrados saboreo el cava.

 Merche Lacalle

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